Las cosas pequeñas
Muchas veces celebramos lo grande: los logros, los avances, los cambios, los nuevos comienzos. Nos esforzamos por crecer, por llegar más lejos, por construir una vida mejor. Y está bien. Es parte del camino. Pero en ese movimiento constante, a veces sin darnos cuenta, nos vamos alejando de quienes fueron nuestro primer refugio.
Quienes siempre estuvieron
Abuelos, abuelas, papás, mamás. Personas que estuvieron ahí cuando el día se armaba sin horarios, cuando jugar era lo importante y las tardes parecían no terminar nunca. Hoy, siguen siendo quienes no piden más que tiempo. Quienes saben esperar una visita, una llamada, y encuentran alegría en lo simple: vernos llegar, reconocer en nosotros a los niños que fuimos alguna vez, volver a llenar la casa como entonces, dejar el celular a un lado y estar.
Ellos no nos piden mucho. Nunca lo hacen.
Solo quieren vernos, saber de nosotros, sentir que seguimos ahí. Que no los hemos olvidado.
Con el paso del tiempo uno entiende que el verdadero miedo no es la distancia, sino el olvido. Olvidar de dónde venimos. Olvidar a quienes sostuvieron nuestras primeras raíces. Olvidar que, antes de salir al mundo, hubo un lugar —y personas— que nos enseñaron quiénes somos.
Volver a lo esencial
La Navidad tiene algo de eso.
De volver, aunque sea por un rato.
De sentarse sin apuro.
De escuchar historias que ya conocemos, pero que igual queremos oír otra vez.
Lo que dejamos a quienes vienen después
También es una invitación a mirar hacia adelante. A pensar en lo que dejamos a quienes vienen después. En lo que aprenden nuestros hijos cuando nos ven estar, cuando nos ven cuidar los vínculos, cuando nos ven elegir el tiempo compartido por sobre la prisa constante.
Lo que realmente permanece
Porque al final, eso es lo que permanece.
No los objetos.
No los reconocimientos.
No las cosas grandes por sí solas.
Permanece el recuerdo de haber estado.
De haber vuelto.
De no habernos olvidado.
Que esta Navidad nos encuentre más atentos a lo esencial.
Que las cosas grandes no nos alejen de las pequeñas.
Y que siempre sepamos volver a aquello que nos hizo quienes somos.
Feliz Navidad.
